Conocí a un viajero de una tierra antigua,
que dijo: “Dos enormes piernas de piedra y sin tronco
se yerguen en el desierto…cerca de ellas, en la arena,
yace medio enterrado un rostro hecho trizas, cuyo ceño,
sus labios fruncidos, su gesto despectivo de frío poder,
muestran que su escultor supo bien leer estas pasiones
que aún sobreviven, acuñadas en esos objetos inanimados,
a la mano que las creyó y al corazón que las alimentó;
y en el pedestal, aparecen estas palabras:
¡Mi nombre es Ozymandias, Rey de Reyes,
contempla mi obra, tú, poderoso y desespera!
Nada sobrevive a su lado. Al rededor de los restos desmoronados
de este colosal naufragio, desnuda e ilimitada
se extiende hacia la lejanía la solitaria y llana arena.”
Ozymandias, Shelley.

Ozymandias fue inspirado por una estatua caída en el templo funerario de Ramsés II, cerca de Luxor (Egipto). De acuerdo con el historiador de la antigüedad Diodoro, en su tiempo la estatua mostraba la inscripción “Rey de Reyes soy yo, Ozymandias. Si alguien quiere saber cuán grande soy y dónde estoy, que intente superar una de mis obras”.
Shelley critica el poder político y su capacidad para sobrevivir al paso del tiempo, a la naturaleza y a la historia.
Adrian Veidt, el hombre más inteligente del mundo y dueño de un imperio comercial en WATCHMEN, tiene como alias el nombre de esta estatua y poema.