¿Qué demonios importa si uno es culto, está al día o ha leído todos los libros? Lo que importa es cómo se anda, como se ve, cómo se actúa después de leer. Si la calle y las nubes y la existencia de los otros tienen algo que decirnos. Si leer nos hace, físicamente, más reales"
En un agujero en el suelo, vivía un hobbit. No un agujero húmedo, sucio, repugnante, con restos de gusanos y olor a fango, ni tampoco un agujero seco, desnudo y arenoso, sin nada en que sentarse o que comer: era un agujero-hobbit, y eso significa comodidad.
El hobbit, J.R.R. Tolkien
¿Qué buscas, mujer? ¿Protección? ¡Si supieras! Ni siquiera soy capaz de enfrentarme a mis debilidades. ¿Crees que alguno de ellos te haría más daño del que te estoy haciendo yo?
¿Lo quería? Sólo disfrutaba sabiéndose mirada y deseada. Le complacía que los ojos de Arnau no pudieran apartarse de su cuerpo; la satisfacía su evidente desazón cuando ella dejaba de tentarlo: ¿era eso querer? Aledis intentó encontrar respuesta, pero no transcurrió mucho tiempo antes de que su mente volviera a vagar por aquella satisfacción antes de caer dormida.
Hombres y mujeres son animales en proceso de aprendizaje. Si no te das cuenta de lo que han aprendido, es que estás ciega. Son seres siempre cambiantes, que siempre mejoran, que siempre engrandecen su visión y las capacidades de sus corazones. No dices toda la verdad cuando hablas del siglo más sangriento; no ves la luz que brilla con más intensidad, por contraste con la oscuridad; ¡No ves la evolución del alma humana!
Ahora bien, parece extraño, pero las cosas que es bueno tener y los días que se pasan de un modo agradable se cuentan muy pronto, y no se les presta demasiada atención; en cambio, las cosas que son incomodas, estremecedoras, y aun horribles, pueden hacer un buen relato, y además llevan tiempo contarlas.
Próxima lectura.
El mundo se hunde en la depravación y el caos; como siempre, o peor.
La reina de los condenados, Anne Rice
“Para escribir novelas hay que estar loco. Loco por contar grandes verdades mediante pequeñas mentiras.”
César Fernández García
Cambiamos, pero no cambiamos -pensó-. Crecemos en sabiduría pero no estamos libres de errores. Solamente somos humanos durante todo el tiempo que vivamos; éste es el milagro y la maldición.
Poca cosa hay
de más valor en nuestro tiempo
que comprender
el talento de la Sustancia.
(…)
Una abeja, una abeja viva,
en el cristal de la ventana, intentando salir,
sentenciada,
no puede comprender.